jueves, 14 de marzo de 2024

Lectura 2: El Conde Lucanor



[Vicedo, Juan, Introducción a «El Conde Lucanor», Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2004.]

51 cuentos breves son los que componen la obra del infante don Juan Manuel conocida como El Conde Lucanor, de entre los cuales he realizado una selección de 5 cuentos con el objetivo de realizar una valoración personal de los mismos. A decir verdad, todos los cuentos que he leído me han resultado algo interesantes, ya que las moralejas finales quedan muy bien expresadas en las historias que cuenta Patronio. Estas 5 historias son las que más me han llamado la atención debido al mensaje que pretenden transmitir:

Cuento II: Lo que sucedió a un hombre bueno con su hijo.

Este cuento plantea una problemática que probablemente todos hayamos experimentado alguna vez, pues nunca llueve a gusto de todos y hagas lo que hagas va a ser criticado por cierto sector con toda certeza. En uno mismo está el aceptar las críticas de aquellos que son meros observadores recelosos o de quienes realmente quieren tu bien, además de ser consciente de qué es lo que más beneficia a uno mismo y, por tanto, qué es lo que se quiere hacer para conseguirlo, sin importar el qué dirán tal y como se relata en esta breve historia.

Cuento VII: Lo que sucedió a una mujer que se llamaba doña Truhana.

En ocasiones elucubramos mirando al futuro con un gran objetivo a lograr claro, con todos los pasos necesarios para alcanzarlo en mente como si nada pudiese impedir que, si se actúa según lo planeado, indudablemente se conseguirá lo deseado. Esto es lo que se relata en esta breve historia, una realidad que a todos se nos ha pasado por la cabeza, un gran objetivo en el horizonte, pero la realidad es muy distinta, puesto que pueden surgir todo tipo de adversidades que trunquen tu camino y echen se echen así a perder todos tus planes, por lo que se debe vivir en el momento, observar el problema que en este preciso momento se está planteando y actuar en consecuencia.

Cuento XVI: La respuesta que le dio el conde Fernán González a Nuño Laínez, su pariente.

Esta historia puede relatar a la perfección el funcionamiento de la sociedad en cualquier época, en la cual se le atribuye tanta importancia a las riquezas que se llega a olvidar aspectos a mi parecer más importantes, este pensamiento puede llegar a corromper todo a su paso, pues para conseguir lo deseado en ocasiones se sobrepasan los límites de la moral y lo correcto, alejando a personas de ti por haberte aprovechado de ellas. La ambición no es un mal por sí misma, pero todo puede volverse en tu contra si haces un uso abusivo de la misma.

Cuento XVII: lo que sucedió a un hombre con otro que lo convidó a comer.

Este breve cuento me ha resultado interesante debido a que lo he podido extrapolar a diversas situaciones del día a día, situaciones en las que efectivamente no aceptamos según qué ofrecimientos por pensamiento de que la otra persona lo hace simplemente por compromiso social, lo cual no debería importarnos, pues la propuesta ya ha sido realizada y, siendo egoístas y mirando por uno mismo, la intención es lo de menos si nos va a resultar provechoso.

Cuento XXX: Lo que sucedió al Rey Abenabet de Sevilla con Romaiquía, su mujer.

Cualquier persona a la que le pueda complacer hacer favores a otros sin necesidad de querer nada a cambio ha experimentado alguna vez este sentimiento, pues tal y como se relata en este cuento, no todo el mundo sebe ser bien agradecido con aquellas personas que ayudan de manera desinteresada, olvidando además otros méritos ya pasados si el deseo favor más próximo no ha sido satisfecho por los motivos que sean, esto puede provocar distintas reacciones en aquel que hace favores: continuar haciendo favores igualmente sabiendo que esta persona no los aprecia, dejar de hacer favores a aquel que no los valora o no ser servicial a nadie por pensar que todos van a reaccionar de la misma manera, haciendo que la mala actitud de otros afecte en un aspecto positivo propio de una persona servicial.

Para finalizar, he de destacar que muchas de las moralejas realizadas por Patronio ya las había escuchado antes, pues forman parte de la cultura popular sin saber que su procedencia era la de la obra de Don Juan Manuel, lo cual me ha sorprendido gratamente.


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