51 cuentos breves son los que componen la obra del infante don Juan Manuel conocida como El Conde Lucanor, de entre los cuales he realizado una selección de 5 cuentos con el objetivo de realizar una valoración personal de los mismos. A decir verdad, todos los cuentos que he leído me han resultado algo interesantes, ya que las moralejas finales quedan muy bien expresadas en las historias que cuenta Patronio. Estas 5 historias son las que más me han llamado la atención debido al mensaje que pretenden transmitir:
Cuento II: Lo que sucedió a un hombre bueno con su
hijo.
Este cuento
plantea una problemática que probablemente todos hayamos experimentado alguna
vez, pues nunca llueve a gusto de todos y hagas lo que hagas va a ser criticado
por cierto sector con toda certeza. En uno mismo está el aceptar las críticas
de aquellos que son meros observadores recelosos o de quienes realmente quieren
tu bien, además de ser consciente de qué es lo que más beneficia a uno mismo y,
por tanto, qué es lo que se quiere hacer para conseguirlo, sin importar el qué
dirán tal y como se relata en esta breve historia.
Cuento VII: Lo que sucedió a una mujer que se llamaba
doña Truhana.
En ocasiones elucubramos
mirando al futuro con un gran objetivo a lograr claro, con todos los pasos
necesarios para alcanzarlo en mente como si nada pudiese impedir que, si se
actúa según lo planeado, indudablemente se conseguirá lo deseado. Esto es lo
que se relata en esta breve historia, una realidad que a todos se nos ha pasado
por la cabeza, un gran objetivo en el horizonte, pero la realidad es muy
distinta, puesto que pueden surgir todo tipo de adversidades que trunquen tu
camino y echen se echen así a perder todos tus planes, por lo que se debe vivir
en el momento, observar el problema que en este preciso momento se está
planteando y actuar en consecuencia.
Cuento XVI: La respuesta que le dio el conde Fernán
González a Nuño Laínez, su pariente.
Esta historia puede relatar a la perfección el funcionamiento de la sociedad en cualquier época, en la cual se le atribuye tanta importancia a las riquezas que se llega a olvidar aspectos a mi parecer más importantes, este pensamiento puede llegar a corromper todo a su paso, pues para conseguir lo deseado en ocasiones se sobrepasan los límites de la moral y lo correcto, alejando a personas de ti por haberte aprovechado de ellas. La ambición no es un mal por sí misma, pero todo puede volverse en tu contra si haces un uso abusivo de la misma.
Cuento XVII: lo que sucedió a un hombre con otro que
lo convidó a comer.
Este breve cuento
me ha resultado interesante debido a que lo he podido extrapolar a diversas
situaciones del día a día, situaciones en las que efectivamente no aceptamos
según qué ofrecimientos por pensamiento de que la otra persona lo hace
simplemente por compromiso social, lo cual no debería importarnos, pues la
propuesta ya ha sido realizada y, siendo egoístas y mirando por uno mismo, la
intención es lo de menos si nos va a resultar provechoso.
Cuento XXX: Lo que sucedió al Rey Abenabet de Sevilla
con Romaiquía, su mujer.
Cualquier persona
a la que le pueda complacer hacer favores a otros sin necesidad de querer nada
a cambio ha experimentado alguna vez este sentimiento, pues tal y como se
relata en este cuento, no todo el mundo sebe ser bien agradecido con aquellas
personas que ayudan de manera desinteresada, olvidando además otros méritos ya
pasados si el deseo favor más próximo no ha sido satisfecho por los motivos que
sean, esto puede provocar distintas reacciones en aquel que hace favores:
continuar haciendo favores igualmente sabiendo que esta persona no los aprecia,
dejar de hacer favores a aquel que no los valora o no ser servicial a nadie por
pensar que todos van a reaccionar de la misma manera, haciendo que la mala actitud
de otros afecte en un aspecto positivo propio de una persona servicial.
Para finalizar, he de destacar que muchas de las moralejas realizadas por Patronio ya las había escuchado antes, pues forman parte de la cultura popular sin saber que su procedencia era la de la obra de Don Juan Manuel, lo cual me ha sorprendido gratamente.

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